Sin música y sin secretos
Pensar que le podia confesar secretos míos a un buen amigo o más bien, aun conocido en el cual deposite mucha confianza debido a que él y yo tenemos dos cosas en común (de las cuales a mi criterio valen mucho), las cuáles son la misma religión y la misma tentación. Todo comenzó cuando él retorno a la iglesia, es decir, había dejado de ir por algunos años, pero al final, por haber tenido algunas malas experiencias en su trabajo, decidió retornar. Conversamos por algunos sábados dentro de la iglesia, específicamente de la música y de algunos cantantes internos de nuestra iglesia. Después de todo si fue interesante mantener (al inicio de toda esta relación) una conversación con él.
Una ocasión le conté que yo tocaba el piano. Él ya conocía que tocaba flauta traversa pero no sabía que estaba practicando el piano y que podía interpretar algunas piezas musicales. Él siempre había dado especiales musicales dentro de la iglesia por medio de su voz y obviamente, al escuchar que tocaba piano, me pidió que lo acompañe en algún especial.
Para ser sincero, a mi nunca me había gustado dar especiales de música dentro de la iglesia si no estaba mi buena amiga, la cual me ha acompañado con el piano desde que nos graduamos del colegio. Sin embargo, para no ser catalogado como mal amigo o cualquiera que sea el apodo indicado, accedí a practicar con él.
La verdad, en cada ensayo, nunca hubo entendimiento entre los dos, el exigía algunas cosas complicadas, mientras que yo, en mi novatada de músico, no podia satisfacerlas. Aunque, aparentemente, no le importaba, ya que él seguía ahí practicando conmigo, sin levantarme alguna sospecha acerca de lo que él tenía en mente.
Hubo un sábado por la tarde, en la que nos sentamos juntos y comenzamos a conversar. Me contó muchas cosas que realmente me comenzaron a llamar la atención y, por culpa de lo que narraba, logramos estar charlando por más de cinco horas. Todo eso mientras caminábamos juntos a través de 10 kilómetros, los cuáles me parecieron insignificantes.
Fue al final de la trayectoria, que él pudo descubrir mi secreto y, para asombro mío, el también sentía lo mismo. Todo fue en mi casa, él se mostraba muy cariñoso, decidido y seguro. En cambio yo, venía arrastrando por durante mucho tiempo (años), el mismo sentimiento de inseguridad soledad y depresión. Inseguridad porque me sentía estéticamente despreciable, soledad porque sentía que al final de todo iba a terminar solo, y deprimido porque socialmente sentía que no encajaba en este mundo.
Este cuadro, la insistencia de él y la inseguridad mía, fue la que simplemente (mientras me frotaba la pierna derecha) me motivo a preguntarle si él había salido con hombres antes. Él me dijo que sí, me preguntó lo mismo a mí y yo le dije que sí.
Fue desde ese momento en que fui conociendo sus verdaderos sentimientos. Como toda relación homosexual, cada acercamiento a él, resultaba en una intención sexual hacia mí, lo cual me incomodaba. Por otra parte, yo también me revelé, porque tenía otras intenciones; especial y únicamente porque creía que el podía presentarme alguno de sus amigos, y así por fin acabar con esta eterna soledad.
Hubo un sábado por la tarde, en la que nos sentamos juntos y comenzamos a conversar. Me contó muchas cosas que realmente me comenzaron a llamar la atención y, por culpa de lo que narraba, logramos estar charlando por más de cinco horas. Todo eso mientras caminábamos juntos a través de 10 kilómetros, los cuáles me parecieron insignificantes.
Fue al final de la trayectoria, que él pudo descubrir mi secreto y, para asombro mío, el también sentía lo mismo. Todo fue en mi casa, él se mostraba muy cariñoso, decidido y seguro. En cambio yo, venía arrastrando por durante mucho tiempo (años), el mismo sentimiento de inseguridad soledad y depresión. Inseguridad porque me sentía estéticamente despreciable, soledad porque sentía que al final de todo iba a terminar solo, y deprimido porque socialmente sentía que no encajaba en este mundo.
Este cuadro, la insistencia de él y la inseguridad mía, fue la que simplemente (mientras me frotaba la pierna derecha) me motivo a preguntarle si él había salido con hombres antes. Él me dijo que sí, me preguntó lo mismo a mí y yo le dije que sí.
Fue desde ese momento en que fui conociendo sus verdaderos sentimientos. Como toda relación homosexual, cada acercamiento a él, resultaba en una intención sexual hacia mí, lo cual me incomodaba. Por otra parte, yo también me revelé, porque tenía otras intenciones; especial y únicamente porque creía que el podía presentarme alguno de sus amigos, y así por fin acabar con esta eterna soledad.

